Me busco en el pedacito de espejo que aún no se ha caído del botiquín. Ahí estoy…la barba crecida y sin notar al menos, si conserva una mediana simetría que enmarque el gris profundo de lo que veo parcialmente. Se desgrana sobre mi calvicie el verde esmeralda de las húmedas paredes. Canillas desangrándose gota a gota y el inodoro chorrea sarro donde alguna vez, fue blanco. Demasiado frío para bañarme hoy.
Por tercera vez reviso en gastado cuello de la camisa escocesa y decido que soportará un día más. Por internet estas cosas pasan inadvertidas.
Caramba…cuantos cigarrillos aplastados en los ceniceros… el cesto de la basura vomita papeles aboyados infectados de letras, borrones y frases rebuscadas. Bueno, por ahí, mañana mi hija se encarga de emprolijar el destruido altar de la creatividad.
Aquí en este rincón, nadie verá el verde envase del gin inglés. Enciendo un cigarro de chala y me conecto a la computadora. Cada tanto cambio la foto del perfil…aún conservo varias imágenes de los años 80, ataviado en lino color manteca y sombreo panameño impecable.
Entré al mundo de las fantasías. Noelia de Argentina dejó un rosa con brillitos en “comentarios”, Horacio de Madrid, adula mi último blog sobre “Las voces del mar”.
“Gracias por tus letras, querido amigo” – “Se te extraña SINAMARRAS” – Tienes dos pedidos de amistad - Tienes un mensaje privado –
Un buen trago y otro cigarrillo en mis dedos. Abro el mensaje más que ansioso cuando veo la foto de Amalia sonriendo incansablemente.
“ Mi adorado SINAMARRAS! sueño con los paisajes celestes de tus letras. Las gaviotas que sobrevuelan cada verso nacido en la playa de tu mirada. Eres el mar, faro, la tormenta, la calma y la nave que cierra sus ojos al anochecer. No puedo dejar de imaginar el aroma de tu ropa yodada por la brisa de mil aventuras bajo el cielo de tu misteriosa y lejana tierra. Amalia”
Tiemblan mis manos. Hace años que tiemblan. Amalia no sabe todo lo que su inocencia provoca en mí. Noches de sudores olientes, palabras que nadie escucha, placer de poseer un cuerpo que imagino a mi gusto. Éxtasis y un profundo sueño con aroma a licor y caricias sin fronteras. Miro por la ventana descascarada y sin cortinas. Las gallinas cacarean sobre los espaldares herrumbrados de sillones inútiles. Se corta luz. Mierda! Siempre lo mismo en Lanús?...justo ahora que comenzaba a navegar aferrado en el lomo de los sueños ajenos. Hoy, arroz hervido con dos huevos fritos. Mañana gallina con papas. No se cortó la luz...olvidé pagar la boleta!!! Ay Amalia!!!
rita mercedes chio letras
prosa, poesía, fotos, narrativa
22/11/2010
P-A-R-A-N-O-I-A
Debe pensar que no me doy cuenta, pero sé que detrás de esas oscuras gafas, no ha dejado de mirarme un solo instante. Alguna que otra vez agacha la cabeza para acomodar un porta instrumento que lleva sobre sus piernas. Un violín, imagino…de tanto trabajar con músicos, puedo asegurar que se trata de un violín.
Rara vez la suerte me acompaña y logro viajar sentada en el subte, aunque a esta hora, era lo más factible. No hay caso…será porque es el último servicio del día. La gente me va desplazando cada vez más para el rincón del vagón, quedando aprisionada entre la puerta que une uno con otro y donde un grupo de chiquilinas, no cesa de cantar y mostrarse los mensajitos de texto de sus celulares. Pero él está ahí, lo siento aunque mire por las oscuras ventanillas y trate de ignorarlo.
No tengo manera de ocultar las cadenitas doradas de mi cuello, que aunque son de fantasía, nadie lo sabe. Con mucho disimulo me quito el reloj, mientras finjo que acomodo algo dentro de mi bolso. El tren se detiene, pocos bajan y siguen subiendo pasajeros. Me doy cuenta que la manifestación de Plaza de Mayo debió haberse desconcentrado en no más de media hora. Entonces, comprendo el aglutinamiento inusual del subterráneo, la multitud que empuja por no quedar en el andén, el olor a transpiración, a perfume barato, a humo. Niños que lloran, madres de pié y él, muy cómodo, sentadito y observándome el señor!. Entre los huecos de cada movimiento, ahí sigue, mirándome con su rostro oscuro, el cabello atado en la nuca, la camisa gastada, las manos pálidas y finas como las de un cadáver. Claro que puede llevar un arma en ese roído maletín de artista callejero. De no ser porque estamos en el 2010, diría que camufla una ametralladora. Las ruidosas jóvenes bajan todas juntas y con ellas, más de la mitad del vagón. No importa, respiro profundo y aguanto el terror que me causa aquellos ojos escondidos tras tan oscuros vidrios. La gente se va acercando a la puerta de salida, en pocos minutos, yo también bajaré del tren y correré hasta la parada del colectivo. Sin soltar el pasamano, busco monedas en mi cartera, para no exponerme en la calle. Las aprisiono con todas mis fuerzas, sin saber cuantas he recogido. Dios! Me uno a los viajeros que están por bajar, mientras él se incorpora parándose detrás de mí.
Comienza el espantoso chillido de los frenos de la locomotora y aparecen las primeras luces del túnel. Falta poco, falta poco, repito con mi mente y no dejo de sudar. Siento su aliento en mi cuello, su cuerpo tambaleante rebotar contra el mío. Busco un rostro en mi entorno y pareciera que nadie mira otra cosa que dos puertas que se abren lentamente en medio de una bocanada de aire fresco que los extrae hacia la libertad. Saco un pie del tren, tan solo un pie y siento que me toma del hombro. Dios! grita mi mente y giro para verlo a tan solo 20cms de mi pánico. Tengo ganas de empujarlo hacia el interior y estoy paralizada. Quiero golpearlo y no puedo mover los brazos. La gente me lleva por delante, se aleja, las puertas de la formación vuelven a cerrarse, trato de despegar mis labios para pedir auxilio y ahora escucho su voz – Alguien puede ayudarme? soy no vidente…- Con el violín debajo del brazo, abre lentamente un blanco bastón plegable y sonríe apacible, en señal de agradecimiento.
Rara vez la suerte me acompaña y logro viajar sentada en el subte, aunque a esta hora, era lo más factible. No hay caso…será porque es el último servicio del día. La gente me va desplazando cada vez más para el rincón del vagón, quedando aprisionada entre la puerta que une uno con otro y donde un grupo de chiquilinas, no cesa de cantar y mostrarse los mensajitos de texto de sus celulares. Pero él está ahí, lo siento aunque mire por las oscuras ventanillas y trate de ignorarlo.
No tengo manera de ocultar las cadenitas doradas de mi cuello, que aunque son de fantasía, nadie lo sabe. Con mucho disimulo me quito el reloj, mientras finjo que acomodo algo dentro de mi bolso. El tren se detiene, pocos bajan y siguen subiendo pasajeros. Me doy cuenta que la manifestación de Plaza de Mayo debió haberse desconcentrado en no más de media hora. Entonces, comprendo el aglutinamiento inusual del subterráneo, la multitud que empuja por no quedar en el andén, el olor a transpiración, a perfume barato, a humo. Niños que lloran, madres de pié y él, muy cómodo, sentadito y observándome el señor!. Entre los huecos de cada movimiento, ahí sigue, mirándome con su rostro oscuro, el cabello atado en la nuca, la camisa gastada, las manos pálidas y finas como las de un cadáver. Claro que puede llevar un arma en ese roído maletín de artista callejero. De no ser porque estamos en el 2010, diría que camufla una ametralladora. Las ruidosas jóvenes bajan todas juntas y con ellas, más de la mitad del vagón. No importa, respiro profundo y aguanto el terror que me causa aquellos ojos escondidos tras tan oscuros vidrios. La gente se va acercando a la puerta de salida, en pocos minutos, yo también bajaré del tren y correré hasta la parada del colectivo. Sin soltar el pasamano, busco monedas en mi cartera, para no exponerme en la calle. Las aprisiono con todas mis fuerzas, sin saber cuantas he recogido. Dios! Me uno a los viajeros que están por bajar, mientras él se incorpora parándose detrás de mí.
Comienza el espantoso chillido de los frenos de la locomotora y aparecen las primeras luces del túnel. Falta poco, falta poco, repito con mi mente y no dejo de sudar. Siento su aliento en mi cuello, su cuerpo tambaleante rebotar contra el mío. Busco un rostro en mi entorno y pareciera que nadie mira otra cosa que dos puertas que se abren lentamente en medio de una bocanada de aire fresco que los extrae hacia la libertad. Saco un pie del tren, tan solo un pie y siento que me toma del hombro. Dios! grita mi mente y giro para verlo a tan solo 20cms de mi pánico. Tengo ganas de empujarlo hacia el interior y estoy paralizada. Quiero golpearlo y no puedo mover los brazos. La gente me lleva por delante, se aleja, las puertas de la formación vuelven a cerrarse, trato de despegar mis labios para pedir auxilio y ahora escucho su voz – Alguien puede ayudarme? soy no vidente…- Con el violín debajo del brazo, abre lentamente un blanco bastón plegable y sonríe apacible, en señal de agradecimiento.
02/11/2010
AMOR TARDÍO
Inúndame con los destellos de tus manos hambrientas. Amarra que sostiene en vilo el alma y la carne. Niebla del paraíso perdido, que moja la memoria, cala los huesos y las piadosas mentiras con sabor a besos prolongados. Me dejaré amar como dos aves enjauladas, sometidas a no buscar otro canto, que el trino más cercano, aquel que se eleva, tan solo para no morir. Podré ser tu paisaje de otoño, en la incertidumbre de un mundo que deja caer sus colores, en un manantial de sangre inocente. Aprobaré tus pequeñeces, a cambio, de una caricia sin formas, dormida, olvidadas a los pies del tiempo.
Abrázame como si fuese la noche más gélida de nuestras vidas. Vidas pretenciosas, llenas de excusas a la hora de la entrega.
El tiempo ha modelado hábilmente los vértices de la necedad, la indiferencia, el fuego que amenazaba con apagarse. Doblega mi arrogancia, la misma que puso decenas de calendarios entre nosotros. Hojas que cayeron una por una en la acera desnuda e indolente de los miedos. No me opondré al encuentro cósmico de dos mundos perdidos en abismales eclipses de historias añejas. Soy la leña de una hoguera abandonada y tus besos, el faro más tierno que supo guiar los deseos más inconfesables.
No estoy temblando. Posiblemente sea mi sangre que despierta cuando descubro ante mi, un hombre que dejó de ser silencio, dejó de ser un tal vez, un quizás y ahora danza en mis pensamientos, como el agua serena que mece los restos del naufragio.
Porqué el amor necesitó tanto tiempo, tantas lágrimas, tantas soledades, para asomar en la recta final de dos caminos tan diferentes y tan parecidos?
Me tomas de la mano, no preguntas, no respondes…solo me amas sin cuestionar, sin mirarle el rostro al destino.
Amor tardío… acopiando delirios en mi pecho que florece como alguna vez, en alguna lejana primavera, en otros brazos no tan sabios ni tan fuertes. Simplemente, mi hermoso amor.
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